jueves, 4 de febrero de 2016

El infantilismo del oficio



Los hijos abominan de los padres, pero luego, a lo mejor, se advienen.
Nunca me han perecido ni un oficio ni un trabajo ser bedell, lector de contadores, o tornero en un puesto de algodón de azúcar, si este no monta el puesto. Tampoco lo es ser torero o diputado/a.
La vida transitoria, que lo es, toda. El transcurso de las horas necesita oficio, que es una cuestión distinta al trabajo que es el cargo que te has buscado, te han impuesto o te salió en una esquina (cosa rara), a lo que responde ser torero o diputado. El oficio es la profesionalización, sí.
Una diputada llevó a su niño al congreso con un planteamiento peregrino, no para ella claro y un torero ha cabalgado a su niña en un brazo mientras con el otro burlaba a una vaquilla, por una tradición familiar, costatable.
El niño fue presentado ante público en un acto abierto y retransmitido en directo, y en una fiesta privada la niña fue presentada ante amigos y después se publicó la foto.
Los padres con oficio no han hecho nada de esto de forma gratuita. Una por apego y el otro por apego. Ahora que venga alguien y gradúe este asunto: apego.
El de la vaquilla tuvo que justificarse, la señoría también pero algo menos. Evidentemente para el común de los espectadores no era igual un caso que otro. Claro que no, el riesgo y el límite se veían distintos, y la simpatía del entorno y el asunto mollar. Tan es así que el niño de la señora pudo hasta votar con seis meses.
Los de mi oficio, encauzados por una ley para los niños (los de en medio de las calles pobres, los de los coles públicos y a lo que veo  no los que salen en la Voz Kits) han tenido que vérselas con la situación ridícula de velar la cara del niño-diputado y la niña-torera cuando sus padres los han sacado a hacer el paseíllo. 
Este oficio en el que los padres llevaban a los infantes para que se entretuvieran pintando con el rotu rojo de las correcciones, regando las macetas o tirando del cable extensible de los antiguos teléfonos, se ven ahora en ponerle un tapujo al hijo sacado en público en un acto institucional importantísimo o en una fiesta campera privada, y luego hecha pública. Osea que no es voluntad del niño ser fotografiado, identificado y difundido, todo lo demás si.
A los hijos que yo vi de los padres decisivos como jueces, notarios y pregoneros (periodistas), los encontré en el puesto siempre alterados por el aburridísimo trabajo de sus padres. A estos que nos da la actualidad habrá de preguntarles después. Si se advienen o repudian.
Entre tanto yo mismo me paso la ley cuando a los hijos los ponen los padres en el set de tv, en la moqueta de la pasarela o  en la carroza de las fiestas del pueblo. Hemos llegado a unos límites tan ridículos que el oficio que encierra tres no queda ni en espíritu santo. Paloma voladora. 
P.D: ¿Sus derechos pueden ser nuestros caprichos? ¿Nuestra forma de vida se les puede imponer?
Un día abominarán y al tiempo, quizá, nos den la razón.

domingo, 24 de enero de 2016

Cuaderno de Diseño I


Dicen que ha hecho Lopico
contra mi versos adversos;
mas si yo vuelvo mi pico,
con el pico de mis versos
a este Lopico lo-pico.
 Luis de Góngora y Argote


Teníamos en la cara la juventud de enero
las exequias de otro año fulminado,
el papel testigo de lo regalado
y el frío terco del derecho y del revés.

Las estufas como viejos decadentes
lo grotesco de hacer pronto un carnaval
y el extracto de pagar la bacanal.
En febrero te vendrá fiebre a la mente.

Has pensado en lo largo de los días.
Echas en falta que aún sea fiesta San José
es la liturgia del que dijo tengo sed.
Va rodando un canto romo cuesta abajo.

Te sonríe el mes de la cuerda vibrante
hay pan dormido con chocolate templado
un sueño de viaje te ha asaltado

cuando paran los relojes, los ciempiés, los trenes y las tunas. ¡Librate!

jueves, 14 de enero de 2016

En su papel

La teleoperadora sudamericana saca su mantra al instante. Quiere culpabilizarme: “es por un acuerdo con el Medioambiente”. Responde a que le pido las facturas de mi teléfono móvil, que voilá llevo más de un año sin contabilizarlas como gasto para mi pago de impuestos porque no me encontraba la papeleta. Esto desde abril de 2014, sin avisar.
Piensen en mi desenfoque de empresario en potencia. Puede ser. Era hábito la luz, el agua las líneas de voz y datos. No me di por enterado excepto cuando en la cuenta bancaria miraba los cobros (gastos).
La estupidez que Orange le da como lección a sus teleoperadoras es tan ridícula tan asquerosa y deleznable que ahora si y lo siento la muy asquerosa quería conformarme con un acuerdo con… Señora el acuerdo será conmigo que soy su cliente ¿no?
La normativa, que no me se lo que dirá, pero Cajamar después de más de un año y pico poniendo en la parte trasera de los extractos una plumita decidió para conmigo lo mismo. En este caso no tenía despiste por el seguimiento mensual al dedillo de lo que me va quedando para vivir. Aún así les he pedido que repongan mi servicio de correo postal.
Sin ambages creo que esta concienciación de pronto de las compañías es una argucia para evitar costes sin bajar precios de servicio.
Entiendo, no soy tonto y me dedico a producir papel entintado y se que mucho es innecesario improductivo e inútil, que hay que contribuir en reducir el consumo de papel porque no vamos a ver ni los árboles ni el bosque. Pero si les contara la contaminación acústica, las ondas hercianas los protones, neutrones o lo que sea que he tenido que gastar, aparte para hacerme de las cuentas de gasto para cuadrar las cuentas del año se morían. Aunque ya se que con la telefonía móvil y sus desenfrenos poco les va a extrañar.
Todos los muy concienciados, los muy virtualizados podrán decir que soy un metódico antiguo, se lo admito. Pero esta reversión es una trampa.
Aparte queda a alguna organización que sigo perteneciendo que ha prescrito las circulares o misivas, cuando que yo sepa la norma dice que hay que comunicarlo a un domicilio particular conocido. Pero esto sería otro cantar.
No desvío más la cantata en renglones torcidos. Me han tocado los cojones, y no me sale de los mismos tener que aguantarme con un documento de pago virtual, o con un apunte donde yo deba desglosar la parte de consumo, terminal, impuestos. Porque para eso le pago a esa gentuza. Yo bastante tengo con lo mio.

martes, 29 de diciembre de 2015

Inventario


En las cocinas no existe la soledad. Los objetos, los utensilios, las herramientas te hablan, te llaman como en las novelas del catalán. En las cocinas siempre hay algo que hacer, y por lo vivido, siempre se cuece algo. Yo pienso mejor ante la olla que sobre la almohada.
Para rematar la cena de un día alargado he sacado un yogurt que caducaría el tercer día del próximo año, creí que era el penúltimo pero era el último. No quedan más yogures y se acaba el año.
Quienes me conocen desde que casi no había fermentado saben que soy amigo íntimo de hacer un inventario del año el último día del mismo (ese para mi y para mis muertos) pero lo vivido y lo fabulado que va a venir para que yo lo viva me ha tirado al folio del blog.
Si no lo remedia nada traspasaré el tranco de 2016 en una ceremonia civil donde la gente se dará la paz de la misa ordinaria de forma laica. Quiero ver sus caras y las mías, como cuando te echa la mano el de alante en el banco parroquial.
En previsión he comprado papel higiénico -en previsión de los días que quedan para el próximo año-, aceite de girasol, azucarillos, mejillones, pan tostao en biscotes y yo que se, creo que tengo desodorante para un tiempo.
El grupo de wassap que se creó hace… años convocó para hoy unas cervecitas y he asistido a un encuentro impagable con los conocidos que están repartidos por España, y los que siendo vecinos venían de viaje. La conversación, tras risas, ha acabado en lo mismo, en la anécdota del mismo que hizo lo mismo una vez: mear en la puerta de la Catedral bajándose, con dos cojones de una actuación propia en el escenario que había en la misma plaza. Me se la historia de pe a pa desde el día que ocurrió.
La noche anterior cené lo que he tapeado hoy, jamón cocido, una cosa que yo…  como una vez cada dos años, es un poner. Nos dieron en la cocina las tantas y acabé casi con el anís, pero no con el tabaco, porque donde se fabrica lo último que faltaba es que se agotaran las existencias.
He dicho que compré leche, lo hice buscando bien una que caduque en febrero próximo, a sabiendas que como desayuno casi siempre en la calle, tiraré más de medio litro, pero me agrada ser previsor.
Si el año pasado por vez primera pasé la nochevieja lejos de casa, este año por primera vez cenaré con los no consanguíneos estando cerca los otros. 
Me dijo una vez un moro que todas las cuentas empiezan de cero, osea, digo yo en cristiano, que siempre hay una primera vez, si no te mueres antes claro, o si ni habías imaginado o pensado lo que tienes posibilidad de hacer.
¿Está todo en orden? No lo crean.
Acabo de preguntarle a un amigo, porque me lo ha puesto a huevo, que si va a dejar de quejarse. Me ha devuelto la pregunta sin más. La gente tiene estas cosas sobre el presente mientras que los yogures esperan tres días sin decir ni m’u en el frigo, los cartones de leche tienen largo recorrido, pero se que los superaré, mientras nosotros pensamos y hablamos constantemente, incluso solos. Es lo que nos diferencia.
Somos impulsivos amigos, especialmente para las compras, eso infolibre, pepanistan y la gaceta de los céntimos lo sabe muy bien. Pero cambiar de casa y de país nos cuesta mucho aunque tengamos la posibilidad y el dinero. También asumir que hemos cambiado de palabras (que son la primera parte de lo que viene ahora…) y de ideas, porque nos hace reexplicarnos y desituarnos. Somos así, ya lo escribió el sabihondo de Manuel Alcántara. Feliz 2016.

miércoles, 23 de diciembre de 2015

¡Sopla! Que viene pelando

No tengo ningún empacho. Lo que tengo es un resfriado de dinosaurio. Expulso hacia fuera los males de dentro, ya un mes y pico. Y no es porque no haya comido, ni porque no me haya tomado todo remedio de botica y herbolario. Así que le den y me den.
Que vivan las Pascuas, que vivan las Pascuas, se come se bebe y no se trabaja. Mentira podría (podría de putrefacción). Españoles, se la habéis liao buena a esas formaciones que se llaman partidos, y al pobrecito Felipito, que a ver cómo refiere mañana el ‘secreto de Estado’.
Yo trabajo y gasto, vaya unos cojones, que llegue la Navidad así para mi tiene una gracia tremenda. Que Dios me perdone ¿qué mejor que trabajar y gastar? Mi pensamiento conservador se entrevera con mi pensamiento progresista. Solo para mi, yo, mime, conmigo -no se equivoquen-, no para el entuerto de parlamento que aún no se ha reunido.
Con todo he asistido a las comidas y los canturreos porque Dios me tocó con el don de poder hacer a veces un cóctel entre trabajo y diversión. ¡Pos esa suerte que tengo!
Han llegado a mi las artesanías familiares, el marchamo del apellido que, si, utilizo para darme carácter, la alegoría de lo que yo creí que fue todo aquello con un parlamento de las terceras elecciones generales que ganó una coalición en febrero, tras un gobierno de derechas,  que unía a las terceras elecciones generales, a la coalición de izquierdas denominada Frente Popular que agrupaba a Partido Socialista Obrero Español (PSOE), Izquierda Republicana (IR), Unión Republicana (UR), Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), Partido Comunista de España (PCE), Partido Obrero de Unificación Marxista (POUM) y Partido Sindicalista. En aquellos días el hombre de mis apellidos que más fortuna hizo vendía a tutiplén el slogan ‘A nadie le amarga un dulce’. Al gobierno surtido ya saben lo que le fue pasando, y no es que yo quiera retrotraer, porque hay ocasión pero no parece que esté la circunstancia para la fortuna de los próximos meses actuales.
Las Pascuas, con todo lo dicho, me gustan desde siempre, lo llevaré en la masa de la sangre: mi family ha currado mucho en esta época, pero también ha disfrutado, y yo que en el obrador no tengo más que papel y pantalla fluorescente diré que también, aunque no es lo mismo echarte un e-mail a los ojos que un puñado de almendras a la boca. Tampoco adelgazan los e-mail, eh.
Doña Ana, la madre del cordero, si sigue repuesta tras poner el belén, o si se adentra bien la noche en la cena, entona un villancico tremendamente suyo (o que yo únicamente le he oído a ella), a ritmo de ‘Lamarimorena’; es una estrofa de tiempo pobre pero a mi me gusta mucho: ‘Abre María la puerta/ que te traigo el aguinaldo/ una patata cocía/ ¡sopla! que viene pelando”. Es un aguilando instantáneo, de impronta, de superar el momento, que no deja nada para después, ni para ningún otro miembro de la casa. Es un aguinaldo personal e intransferible. No tiene nada que ver con el momento sociopolítico excepto en que la patata ¡viene pelando! Los pobres se agradecen el detalle como algo personal de la generosidad insuflada por un tiempo antiguo que se repite fuera de contexto, pero que se testa en el calendario solar que nos marca la vida. No se olviden.


lunes, 14 de diciembre de 2015

Volver a la tele


No gasté apenas nada, diecisiete o diecinueve euros y volví al gran espectáculo. Me había resistido, me había hecho el muerto durante más de un año, no la echaba de menos, no sabía ni de qué me hablaban cuando en el bar del desayuno alguien además de de fútbol, daba por hecho lo que ocurrió ayer, si lo viste.  Creo que lo mío no era desidia sino descargo. Yo nunca sé dónde se compra un móvil nuevo, ni donde se tiran las bombillas usadas o las pilas, ni lo que podía costar un nuevo TDT.
Un domingo de los permitidos comprar en los grandes almacenes, y tras hablar con un chico antiguo que trabaja en uno de esos y que me dio el precio, paré con la familia cuando íbamos a por tomates a hórreo camino de El Alquián. Y aquí me tienen: todas las noches tele.
Me he preguntado, tirado ahí mismo, en el sofá de atrás, qué hacía antes y no lo se muy bien, varias cosas: mirar más face, ver más porno, vigilar más a la competencia, entrar más al blog y tener el fregadero menos cargado.
Mi reencuentro me ha propiciado varias cosas, ver que no es tan mala Mar de  Plástico, ruborizarme por el estruendo de los paisanos tomateros cuando deberían cabrearse más  las rusas, las gitanas guardias civiles o los taberneros autónomos.
Volver a los platós me ha  dado una idea de la superintendencia de los opinadores oficiales, los mismos invitados que en mi acreditada SER, incluso los poetas analizando la política, y también el gran estruendo de la vida en la casa de Guadalix de la Sierra que es también una casa-plató y de donde todos los que son desahuciados tienen el don de saber de lo que hablan.
Sí he vuelto a Ébole, para que no me crean muy jarapastroso por lo antedicho,  y sé que el reeducador que había en la casa de los canis violentos ha cambiado. También que Maria Teresa Campos está vieja y relantizada pero lúcida.

He vuelto al gran espectáculo porque quizá estaba harto de microteatros, y porque si, es verdad ahí tirado en el sofá me daban el menú hecho.

domingo, 1 de noviembre de 2015

Tupamitasmuerto

La joven madre de la tierna niña le dijo al amigo de su ex que vino a traerle un comentario, un rumor o una noticia dos días después de romper: “¡para que sepas el amigo que tienes!”- No le importaba su papeleta, el repertorio que a ella le quedaba por delante, era su defensa y la inculpación del  mensajero, para arruinar al ‘renuente’.
Me sé todo el caso pero no lo voy a desentrañar, da para unos  personajes secundarios en una novela.
Ya no se usa la palabra despecho porque somos hipermodernos. Un sociólogo cuenta en elmarrajo.com, un videomagacine divertido, que las parejas hiperinformadas aún pudiendo ser incultas -esto lo pongo yo-, es difícil que mantengan mucho tiempo una relación porque la hiperconexión y la posesión del espacio personal lo incompatibiliza. Pero el abogado me cuenta cosas más profundas, en la declaración ante el juez de la mujer que dice que su marido la viene violando constantemente habla con frialdad hasta que llega a que él le daba palos al gato, capítulo en el que empieza a llorar, me cuenta que este final en los juzgados viene porque la damnificada quiere traer a su madre a casa y él se opone, claro que mi abogado es de la parte denunciada, no puedo dar crédito total.
Cuando rompieron ella era una guarra que le había puesto los cuernos retorcidos, y dos días antes perdía los vientos por esa misma, otro caso de bar.
Podría poner más ejemplos de cohabitación destruida, pero son suficientes para entrar a seguir sin aclararme sobre las huellas y los rastros y las desapariciones.
Los intereses son otros. Me comentan con fría traza paramétrica. Será verdad, pero a qué el destrozo, a qué el no encaje, a qué el daño, a qué el maleficio, a qué el rencor. Si los intereses son otros adiós buenas tardes.
Por mi existencia sólo ha pasado un pamituasterminao, o lo del titular, con un familiar. En ese caso y en otros de pareja terminados, creo que el miedo inicial a encontrarnos (no ya a saber de nosotros por otros) era por sentirnos escrutados o eso pensaba yo. Era la indefensión de que saben de ti, crees: tanto como tu, y eso genera indefensión o alerta de ataque. 
Las reacciones que me cuentan son malignas, y yo, por hacerme ese favor o soy un buenazo, o no me entero.
El cante popular en la voz de un cantaor que es casi mío, porque cantaba en su bar y ante pocos, tenía un retrato por fandangos que no se si os podré reproducir aquí.
Personas que se han querío
Y se encuentran por la calle
Personas que se han querío
O se mudan de color
O se hacen un desaire
Por dentro sufren los dos.
Los fandangos cantan bien esto, quizá algo burdos, y los celos, las traiciones, la desesperación. La misión del fandango es conmover. Por eso mi madre dirá que la vida es un fandango y el que no lo baila es un tonto.
Se canta lo que se pierde, otra máxima metafísica. Por eso admiro a algunos cultivados, a los que tienen un mundo más grande. No se si me he explicado bien. Me quiero poner de tu parte, si me conmueves bien, pero permíteme que dude.